Dra. Sandra Tobón Cornejo
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición
Salvador Zubirán
La proteína es un nutrimento esencial que forma parte de funciones vitales del organismo y en los últimos años ha ganado gran popularidad la idea de que “más proteína es mejor”, especialmente entre personas que buscan perder peso y/o aumentar su masa muscular. Pero, surge una pregunta clave: ¿una dieta alta en proteína es realmente benéfica para la salud o puede implicar riesgos? A continuación, se revisan los principales beneficios, posibles efectos adversos y que factores deben considerarse.
¿Qué entendemos por una dieta alta en proteína?
Una dieta alta en proteína es aquella que aporta una cantidad superior a las recomendaciones establecidas por las guías nutricionales. De acuerdo con la Organización de Agricultura y Alimentos de Las Naciones Unidas (FAO) la ingesta recomendada para adultos sanos es de 0.8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día. No obstante, este requerimiento puede variar en función de la edad, el estado de salud e inclusive el estado fisiológico como ocurre en niños, adultos mayores, mujeres embarazadas o personas físicamente activas.
Beneficios de una dieta alta en proteína
La dieta alta en consumo de proteínas puede tener beneficios potenciales como:
Riesgos y posibles efectos adversos
Una dieta alta en proteína puede tener impactos negativos en la función renal. El riñón es el órgano encargado de eliminar los productos de desecho derivados del metabolismo proteico. En personas con enfermedad renal preexistente, un elevado consumo de proteína puede acelerar el deterioro de la función renal a lo largo del tiempo. En contraste, en adultos sanos la evidencia disponible no es concluyente, diversas revisiones sistemáticas no han identificado daño renal clínicamente significativo asociado con dietas altas en proteína en individuos sin enfermedad renal, aunque sigue siendo un tema de investigación (4).
La importancia del tipo de proteína en el hígado
En ciertas condiciones, como la enfermedad de hígado graso no alcohólico (NAFLD), una dieta moderadamente alta en proteína (alrededor del 30% de aporte energético) puede mejorar algunos parámetros hepáticos, especialmente cuando va acompañado de restricción caloría y ejercicio físico. Sin embargo, una alta ingesta de proteína de origen animal acompañada de grasas saturadas se ha asociado con un mayor riesgo de NAFLD en poblaciones con sobrepeso y obesidad (5).
La evidencia sugiere que una dieta moderadamente alta en proteína puede ser una herramienta útil para mejorar la saciedad y favorecer una mejor composición corporal, siempre que forme parte de un plan alimenticio equilibrado y adaptado a las necesidades individuales. Los posibles riesgos asociados a una ingesta elevada dependen de diversos factores, como la salud renal previa, la fuente de proteína (animal o vegetal), el nivel de actividad física y el adecuado equilibrio con otros nutrimentos esenciales. En este sentido, no es necesario “exagerar” el consumo de proteína, ya que la evidencia científica y las guías nutricionales coinciden en que, para la mayoría de los adultos activos, una ingesta aproximada de 1.2 a 1.6 g/kg/día es suficiente para obtener beneficios sin que existan riesgos claros para la salud.
Referencias:
1.- Moon, J. & Koh, G. 2020. Clinical evidence and mechanism of high-protein diet-induced weight loss.Journal of Obesity & Metabolic Syndrome, 29 (3): 166-173.
2.-Deutz, N. E. P., et al. 2014. Protein intake and exercise for optimal muscle function with aging: recommendations from the ESPEN Expert Group. Clinical Nutrition, 33(6): 929-36.
3.-Wu, G. (2016). Dietary protein intake and human health. Food & Function, 7 (3): 1251-1265.
4.-Martin, W. F., Armstrong, L. E., & Rodriguez, N. R. 2005. Dietary protein intake and renal Funtion. Nutrition & Metabolism, 2:25.
5.- Shariq A., Khan S., Usmani S. U. R. 2025. The role of Dietary Protein in Mitigating the Risk on Nonalcoholic Fatty Liver Disease. Nutrition Reviews, 83 (8): 1537-39.