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Dr. Jorge Carlos Ruiz Ruiz

Profesor-Investigador. Escuela de Nutrición, Universidad Anáhuac Mayab

El concepto de “antioxidantes como antienvejecimiento” se ha convertido en un eslogan popular en medios y suplementos. La idea parece lógica: si las especies reactivas de oxígeno (ROS) se asocian con daño celular, entonces “neutralizarlas” debería frenar el envejecimiento. El problema es que, en biología, más no siempre es mejor. La evidencia reciente indica que la relación entre antioxidantes y envejecimiento humano es contextual: depende de dosis, población y del “tipo” de antioxidante, y puede incluso ir contra la intuición.

ROS: villanos… y también mensajeros

Las ROS no son solo “chispas que queman” al organismo. En cantidades fisiológicas, participan en señalización redox: ayudan a activar rutas de adaptación celularrespuesta inmune y ajustes metabólicos. Por eso, “apagar” indiscriminadamente estas señales con megadosis de antioxidantes puede no ser neutral. 

Un análisis amplio sobre terapia antioxidante en estados de enfermedad subraya precisamente esa tensión: hay promesas, pero también límites importantes cuando se traduce a resultados clínicos (Forman & Zhang, 2021).  Además, el envejecimiento hoy se entiende como un proceso multicausal: cambios epigenéticos, disfunción mitocondrial, senescencia celular, inflamación crónica, alteraciones de proteostasis, entre otros. Es decir: incluso si controláramos parte del estrés oxidativo, seguirían operando otros mecanismos clave (López-Otín et al., 2023).

Suplementos antioxidantes: ¿sirven para “vivir más”?

En la población en general, no hay evidencia consistente de que tomar suplementos antioxidantes por sí solos “retrase el envejecimiento” o reduzca mortalidad de forma robusta. Un ejemplo claro: en un estudio prospectivo del UK Biobank, el uso de antioxidantes se analizó en relación con mortalidad total y por causas; este tipo de evidencia observacional es útil para detectar asociaciones, pero no confirma que suplementar sea una estrategia antienvejecimiento universal (Behrendt et al., 2020). Esto significa que podría traer resultados para algunas personas, pero no para todas. 

Cuando miramos la evidencia experimental sintetizada, la historia también se complica. Una revisión sistemática y meta-análisis de ensayos clínicos sobre suplementación con beta-caroteno encontró ausencia de un efecto preventivo global sobre mortalidad total y, en ciertos escenarios, señales de daño (por ejemplo, resultados desfavorables en poblaciones de riesgo y con formas/dosis específicas) (Corbi et al., 2022).  Y otro punto crucial: el “antioxidante” no es una sola cosa. En una revisión y meta-análisis de ensayos aleatorizados, se observó que mezclas antioxidantes pueden comportarse distinto dependiendo de su composición; por ejemplo, cuando se incluye selenio versus cuando no se incluye, los resultados pueden cambiar en direcciones opuestas (Jenkins et al., 2020). 

Hormesis: ¿por qué “menos estrés” no siempre significa “más salud”?

Aquí entra un concepto cada vez más citado en envejecimiento saludable: hormesis, es decir, respuestas adaptativas beneficiosas ante exposiciones leves a un estrés. Al nivel de la mitocondria, se habla de mitohormesis: pequeñas perturbaciones activan programas celulares de reparación y adaptación, dejando al sistema “mejor preparado” para desafíos futuros (Cheng et al., 2023). Esto ayuda a entender por qué algunas intervenciones saludables (como ejercicio, restricción calórica moderada, ayuno intermitente en ciertos casos) generan señales transitorias de estrés que desencadenan adaptaciones útiles. Si un suplemento antioxidante reduce demasiado esas señales, podría atenuar parte de la respuesta adaptativa (no siempre, no en todos, pero es un riesgo biológico plausible).

Entonces, ¿por qué las dietas “ricas en antioxidantes” sí se asocian con salud?

Porque alimentos y suplementos no son equivalentes. Frutas, verduras, leguminosas, nueces y granos enteros aportan antioxidantes dentro de una matriz alimentaria con fibra, micronutrimentos, grasas saludables y cientos de compuestos bioactivos que interactúan. Además, los patrones dietéticos (más que un nutrimento aislado) se asocian con desenlaces de salud. Por ejemplo, meta-análisis recientes vinculan mayor adherencia a dieta mediterránea con menor mortalidad en poblaciones con enfermedad cardiovascular (Tang et al., 2021), y revisiones actualizadas reportan asociaciones protectoras en contextos clínicos específicos (Morze et al., 2020). 

Lo que sí podemos decir con honestidad científica

No existe evidencia sólida para vender los suplementos antioxidantes como “antienvejecimiento” en personas sanas.

Las ROS también cumplen funciones útiles; bloquearlas sin criterio puede ser contraproducente (Forman & Zhang, 2021). 

El envejecimiento no se explica solo por “daño oxidativo”, sino por redes de procesos biológicos interconectados (López-Otín et al., 2023). 

Si buscas un enfoque realista de envejecimiento saludable, la evidencia favorece patrones de estilo de vida: alimentación basada en alimentos (y no en suplementos), actividad física, sueño, manejo de estrés y control de factores cardiometabólicos.

En resumen: más que buscar una “bala de plata” en una cápsula, la ciencia sugiere invertir en hábitos sostenibles que optimicen la biología del envejecimiento de forma integral.

Referencias:

Behrendt, I., Eichner, G., & Fasshauer, M. (2020). Association of antioxidants use with all-cause and cause-specific mortality: A prospective study of the UK Biobank. Antioxidants, 9(12), 1287. https://doi.org/10.3390/antiox9121287  

Cheng, Z., et al. (2023). Mitohormesis. Cell Metabolism, 35(11), 1872–1886. https://doi.org/10.1016/j.cmet.2023.10.011  

Corbi, G., Ali, S., Intrieri, M., Modaferri, S., Calabrese, V., & Davinelli, S. (2022). Association between beta-carotene supplementation and mortality: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Frontiers in Medicine, 9, 872310. https://doi.org/10.3389/fmed.2022.872310  

Forman, H. J., & Zhang, H. (2021). Targeting oxidative stress in disease: Promise and limitations of antioxidant therapy. Nature Reviews Drug Discovery, 20(9), 689–709. https://doi.org/10.1038/s41573-021-00233-1  

Jenkins, D. J. A., Spence, J. D., Giovannucci, E. L., Kim, Y.-I., Josse, R., Vieth, R., … Sievenpiper, J. L. (2020). Selenium, antioxidants, cardiovascular disease, and all-cause mortality: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. The American Journal of Clinical Nutrition, 112(6), 1642–1652. https://doi.org/10.1093/ajcn/nqaa245  

López-Otín, C., Blasco, M. A., Partridge, L., Serrano, M., & Kroemer, G. (2023). Hallmarks of aging: An expanding universe. Cell, 186(2), 243–278. https://doi.org/10.1016/j.cell.2022.11.001

Morze, J., Danielewicz, A., Hoffmann, G., & Schwingshackl, L. (2020). An updated systematic review and meta-analysis on adherence to mediterranean diet and risk of cancer. European Journal of Nutrition, 60, 1561–1586. https://doi.org/10.1007/s00394-020-02346-6  

Tang, C., Wang, X., Qin, L.-Q., & Dong, J.-Y. (2021). Mediterranean diet and mortality in people with cardiovascular disease: A meta-analysis of prospective cohort studies. Nutrients, 13(8), 2623. https://doi.org/10.3390/nu13082623  

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