Ing. Sofía Torres Landa Aizpuru
Universidad Iberoamericana
Actualmente existe una búsqueda intensa por productos que realmente aporten un efecto significativo a nuestra salud. Fue así como, en los años 90, surgió el cautivador término: alimentos funcionales. Seguramente lo has escuchado antes, pero la duda persiste: ¿Qué son exactamente? ¿Son alimentos milagro? ¿Serán la solución mágica a todos nuestros problemas de salud?
¿Qué son los alimentos funcionales?
Aunque no existe una definición estandarizada, organizaciones de expertos como el International Life Sciences Institute (ILSI) de Norteamérica los definen como productos que “proporcionan beneficios para la salud superiores a la nutrición básica” (Milner, 2002). El sistema FOSHU (Foods for Specified Health Use) de Japón, es más específico, definiéndolos como: “alimentos naturales o procesados que contienen compuestos biológicamente activos, los cuales, en cantidades definidas, efectivas y no tóxicas, proporcionan un beneficio para la salud clínicamente probado y documentado utilizando biomarcadores específicos, para mejorar la salud general, o para la prevención, manejo o tratamiento de enfermedades crónicas y virales o sus síntomas” (Martirosyan & Alvarado, 2023).
En términos más sencillos, son alimentos que contienen componentes que inducen mecanismos probados que optimizan nuestra salud integral. Algunos ejemplos populares incluyen el kéfir, la kombucha y el kimchi. Aun así, debemos ser sinceros con nosotros mismos y preguntarnos: ¿Realmente un producto es capaz de erradicar enfermedades? La realidad es que no, pues, por más buenos que sean sus componentes, la salud es multifactorial y exige un cuidado integral que abarca la variedad de alimentos consumidos, la hidratación, el sueño y la actividad física. Por lo tanto, no debemos caer en la falacia de que estos productos son la solución a todos nuestros problemas de salud, sino entender el potencial que tienen para complementar nuestra dieta al aportar componentes alimenticios con un beneficio científicamente aprobado.
¿Cómo sabemos si funcionan?
Y ¿cómo es que estos productos pueden demostrar su eficacia en su cuerpo? ¿Será pura mercadotecnia de las empresas para engañar al consumidor a su favor de compra? Para despejar esta incógnita, es necesario entender su marco regulatorio: en México, no existe ninguna regulación para esta clase de productos. Por ello, deben seguirse los parámetros establecidos en las normas oficiales correspondientes al tipo de alimento (bebida, lácteo, etc.) y cualquier aprobación de declaración o claim de salud requiere consultas extensivas, por ejemplo, con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) de México.
A pesar de la ambigüedad regulatoria en otras regiones, el sistema FOSHU establecido en Japón, es el marco regulatorio pionero a nivel mundial para los alimentos funcionales. Este marco riguroso aprueba declaraciones de salud clasificándolas en áreas específicas, como la mejora gastrointestinal, la reducción de colesterol y la presión arterial, y el control de la glucosa en sangre. El desarrollo de estos productos implica un proceso exhaustivo que requiere estudios preclínicos, ensayos clínicos, y la presentación de una documentación extensiva que justifique la eficacia, seguridad, estabilidad y calidad del producto. Además, posterior a su lanzamiento al mercado, el proceso exige estudios epidemiológicos y de post-comercialización para re-solicitar aprobaciones de categorías superiores (Martirosyan & Alvarado, 2023; Shimizu, 2003).
Esta exigencia regulatoria se justifica porque estos productos no solo aportan nutrimentos, sino también contienen una amplia gama de componentes bioactivos (carotenoides, fibra dietética, ácidos grasos esenciales (Omega-3, 6, 9), flavonoides, probióticos, prebióticos, vitaminas y minerales) que generan grandes beneficios a la salud (Guiné, Lima & Barroca, s.f.; Martirosyan, 2025).
Alimentos funcionales para la microbiota
Lo más impactante de estos productos es cómo una parte de ellos se enfoca en nuestra salud digestiva transformando la microbiota intestinal. Al modular este ecosistema vital, estos productos ofrecen beneficios significativos que se clasifican en tres áreas cruciales: actúan en la bioregulación (mejorando el bienestar general y la regulación de funciones corporales como el apetito), refuerzan tu biodefensa e inmunidad (entrenando nuestro sistema inmunológico contra alergias y enfermedades) y apoyan la prevención de enfermedades, ayudándonos a luchar contra condiciones crónicas como el cáncer, la diabetes, la diarrea y el estreñimiento (Mitsuoka, 2014).
El impacto profundo de estos alimentos en nuestra salud digestiva se debe a un mecanismo de acción fascinante coordinado en nuestro intestino, donde actúan en conjunto los probióticos (bacterias beneficiosas), los prebióticos (su alimento) y los biogénicos (componentes activos) para mantener el equilibrio gastrointestinal y entrenar nuestro sistema inmune (Ashaolu, 2020).
Los probióticos, (microorganismos vivos como el Bifidobacterium que encuentras en el yogur), son los principales agentes de defensa en nuestro intestino: practican la exclusión competitiva, lo que significa que ocupan todos los sitios disponibles, evitando que las bacterias dañinas (patógenos) se instalen y causen infecciones. Producen y liberan sus propios agentes antibacterianos que hacen que cambie el pH a un ambiente intestinal más ácido para que las bacterias peligrosas no sobrevivan; y ayudan a sellar las paredes del intestino (las uniones estrechas), reforzándolas para que las endotoxinas no se filtren. Además, realizan inmunomodulación, interactuando con las células de defensa para controlar la inflamación innecesaria, aumentando en cantidad las citoquinas antiinflamatorias. (Ashaolu, 2020) (Mitsuoka, 2014)
Este proceso se apoya en los prebióticos (como la fibra) que son el sustrato que consumen los probióticos. Al fermentar, las bacterias liberan compuestos esenciales llamados ácidos grasos de cadena corta (SCFAs), como el acetato, butirato y propionato. Estos SCFAs no solo mejoran el rendimiento intestinal, sino que son vitales para mantener la integridad de esa barrera intestinal y contribuir a las defensas contra patógenos mediante la reducción del pH (Ashaolu, 2020).
Finalmente, los biogénicos (presentes en bebidas lácteas fermentadas pasteurizadas como el Calpis) son componentes bioactivos que se unen a este proceso, ya sea modulando la microbiota o estimulando la inmunidad directamente (Mitsuoka, 2014).
Comprendiendo desde la ciencia lo que ocurre en nuestro cuerpo al ingerir alimentos funcionales, entendemos el impacto que realmente tienen en nuestro sistema inmune y la importancia de promover e impulsar el consumo de este tipo de alimentos en la población. Además, esta evidencia científica subraya la necesaria presión que hace falta al gobierno para imponer una normativa más rigurosa que regule estos productos a nivel nacional e internacional.
Referencias:
Martirosyan, D., & Alvarado, A. (2023). Functional foods regulation system: Proposed regulatory paradigm by Functional Food Center. Functional Foods in Health and Disease, 3(11), 275–287. https://www.doi.org/10.31989/ffs.v3i11.1265
Shimizu, T. (2003). Health claims on functional foods: the Japanese regulations and an international comparison. Nutrition Research Reviews, 16, 241–252. https://doi.org/10.1079/NRR200363
Milner, J. A. (2002). Functional foods and health: a US perspective. British Journal of Nutrition, 88(Suppl. 2), S151–S158. https://doi.org/10.1079/BJN2002680
Guiné, R., Lima, M. J., & Barroca, M. J. (s.f.). Role and health benefits of different functional food components.
Ashaolu, T. J. (2020). Immune boosting functional foods and their mechanisms: A critical evaluation of probiotics and prebiotics. Biomedicine & Pharmacotherapy, 130, 110625.
Mitsuoka, T. (2014). Development of Functional Foods. Bioscience of Microbiota, Food and Health, 33(Milner, 2002), 117–128.
Martirosyan, D. (2025). Functional Food Science and Bioactive Compounds. Bioactive Compounds in Health and Disease, 8(Mitsuoka, 2014), 218–229. https://doi.org/10.31989/bchd.v8i6.1667