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Dra. Ángela Bacelis

Universidad Anáhuac, Mayab

Los ácidos grasos omega-3 han ganado gran popularidad en las últimas décadas debido a que se les atribuyen propiedades importantes, tales como la disminución del dolor muscular tardío, el apoyo en el tratamiento de conmociones cerebrales, el aumento de la masa muscular y, quizás la más destacada, su efecto en la prevención de enfermedades cardiovasculares.

¿Qué son los ácidos grasos?

Antes de profundizar en esta función, es fundamental recordar las características de estas moléculas. Los ácidos grasos son cadenas de carbono enlazadas con hidrógenos que pueden tener todos sus enlaces saturados o no (como en el caso de los ácidos grasos poliinsaturados o monoinsaturados). Además, según la FAO (2008), la longitud de la cadena de carbono varía entre cadena corta (3-7 C), cadena media (8-13 C) y cadena larga (14-20 C). Son de especial interés los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga y muy larga (>20 C), ya que algunos no pueden ser sintetizados por el cuerpo humano y deben obtenerse a través de la dieta. Este es el caso de ciertos omega-3 y omega-6, como el ácido alfa-linolénico y el ácido linoleico, respectivamente.

Suplementación responsable en apoyo a la dieta

El problema en algunos países latinoamericanos, como México, es que las fuentes de omega-3 —tanto el ácido alfa-linolénico (presente en chía, linaza y canola) como sus productos elongados, el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA) (hallados en sardinas, atún y otros peces de agua fría)— no son abundantes en la dieta habitual (Ramírez-Silva et al., 2012) a diferencia de lo que ocurre en otros patrones alimentarios como la dieta mediterránea (Vannice et al., 2014).

Ante este panorama, la idea de consumir suplementos con las formas elongadas de omega-3 (EPA y DHA), que son las fuentes biológicamente activas, resulta tentadora para la prevención cardiovascular. Sin embargo, es necesario considerar aspectos relevantes de la suplementación. De entrada, las cantidades en un suplemento son significativamente mayoresa las encontradas en los alimentos e incluso a las ingestas recomendadas. Un suplemento promedio aporta entre 250 y 500mg de EPA + DHA, que coincide con el rango de la recomendación diaria general (Vannice et al., 2014).

Aunque los suplementos suelen contener una mezcla de EPA + DHA, la literatura reporta que el EPA es el ácido graso con mejores efectos en la salud cardiovascular. Por ejemplo, los ensayos con EPA altamente purificado, como REDUCE-IT y JELIS, mostraron una reducción del 19 al 25% en los eventos cardiovasculares mayores (MACE), incluyendo infarto de miocardio y muerte cardiovascular. Por el contrario, ensayos a gran escala con mezclas de EPA y DHA, no mostraron una reducción significativa de estos eventos, incluso con dosis altas (Sherratt et al., 2023).

En este sentido, la cantidad de omega-3 necesaria para alcanzar efectos beneficiosos varía según la persona y sus hábitos alimentarios. Para ello, es útil medir el índice omega-3, una medición objetiva de los niveles de EPA y DHA en sangre. Un riesgo cardiovascular alto corresponde a un índice <4%, mientras que un nivel protector se relaciona con un índice >8% (Elagizi et al., 2021). La literatura señala que las pautas dietéticas habituales (como consumir 225 gramos de mariscos a la semana) suelen ser insuficientes para elevar el índice al objetivo del >8%. Generalmente se requiere una ingesta diaria de entre 1 y 2 gramos de EPA + DHA para alcanzar este nivel de bajo riesgo (Elagizi et al., 2021). Resulta interesante que poblaciones con alto consumo de pescado alcanzan esta ventana terapéutica con dosis menores, mientras que las poblaciones occidentales pueden requerir hasta 4g/día para lograr el mismo umbral (Elagizi et al., 2021).

Sin embargo, el uso de dosis farmacológicas conlleva riesgos: tanto el EPA como el DHA se asocian con un mayor riesgo de fibrilación auricular dependiente de la dosis. Además, el EPA en dosis altas se ha vinculado con un mayor riesgo de hemorragia debido a sus efectos antiplaquetarios (Yan et al., 2024).

En cuanto a las recomendaciones, estas varían en función de la condición de la persona. La Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) y las Guías Alimentarias de EE. UU. sugieren para la población general consumir aproximadamente 8 onzas (225gde mariscos variados por semana, aportando un promedio de 250mg diarios de EPA y DHA (Elagizi et al., 2021). Para pacientes con enfermedad coronaria (EC), la AHA sugiere 1 gramo de EPA y DHA al día, idealmente de pescado graso (Yan et al., 2024). En casos de insuficiencia cardíaca (ICFEr), existe una indicación de “clase IIa” de 1g/día para reducir el riesgo de muerte u hospitalización (Elagizi et al., 2021). Finalmente, para adultos de alto riesgo con triglicéridos entre 135 y 499mg/dl y enfermedad cardiovascular o diabetes, las directrices recomiendan 4g/día de EPA altamente purificado, enfoque que ha demostrado una reducción del 25% en eventos cardiovasculares mayores (Sherratt et al., 2023).

En conclusión, los ácidos grasos omega-3 son indispensables para la salud cardiovascular. Se recomienda el consumo de pescados de agua fría dos veces por semana y considerar la suplementación solo en condiciones especiales y bajo supervisión médica.

Referencias:

Elagizi, A., Lavie, C. J., O’Keefe, E., Marshall, K., O’keefe, J. H., & Milani, R. V. (2021). An update on omega-3 polyunsaturated fatty acids and cardiovascular health. Nutrients, 13(1), 204.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). (2008). Grasas y ácidos grasos en nutrición humana: Consulta de expertos (Estudio FAO Alimentación y Nutrición N.º 91). Roma, Italia.

Ramírez-Silva, I., Villalpando, S., Moreno-Saracho, J. E., & Bernal-Medina, D. (2011). Fatty acids intake in the Mexican population. Results of the National Nutrition Survey 2006. Nutrition & Metabolism, 8(1), 33. http://www.nutritionandmetabolism.com/content/8/1/33

Sherratt, S. C., Libby, P., Budoff, M. J., Bhatt, D. L., & Mason, R. P. (2023). Role of omega-3 fatty acids in cardiovascular disease: the debate continues. Current Atherosclerosis Reports, 25(1), 1-17.

Vannice, G., & Rasmussen, H. (2014). Position of the Academy of Nutrition and Dietetics: Dietary fatty acids for healthy adults. Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 114(1), 136–153.

Yan, J., Liu, M., Yang, D., Zhang, Y., & An, F. (2024). Efficacy and safety of omega-3 fatty acids in the prevention of cardiovascular disease: a systematic review and meta-analysis. Cardiovascular Drugs and Therapy, 38(4), 799-817.

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