Mtra. Verónica Rubio Franco
Educadora en Diabetes Certificada
Hablemos del estrés, pero empecemos por su historia. El término estrés tiene sus orígenes en el siglo XIV, cuando se utilizaba para referirse a problemas y adversidades. Más tarde, en el siglo XVII, el científico Robert Hooke lo adoptó en el campo de la Física para describir la relación entre una carga externa aplicada sobre un objeto y su capacidad de resistencia. No fue hasta 1936 que el fisiólogo y médico Hans Selye introdujo el concepto de estrés en el ámbito de la medicina. Selye definió el estrés como un síndrome caracterizado por cambios inespecíficos en el organismo, provocados por las demandas externas que se le imponen. Desde entonces, el estrés se ha considerado un concepto innovador y relevante dentro de la ciencia médica.
Selye describió el estrés como un conjunto de respuestas fisiológicas de carácter hormonal. Estas respuestas se inician en el hipotálamo, que estimula la secreción de hormonas como los corticoides y la adrenalina, afectando el equilibrio interno del organismo e incrementando la necesidad de reestablecerlo.
¿El estrés es parte de nuestra vida?
En la actualidad, el estrés es un fenómeno cotidiano en la vida del ser humano. Todos hemos experimentado estrés en algún momento, en mayor o menor medida, ya que los cambios más mínimos pueden desencadenarlo. Estar estresado significa sentirse sometido a una gran presión, frustración o falta de control sobre las circunstancias. Lazarus y Folkman (1984) describen el estrés como un proceso adaptativo y de emergencia que, en última instancia, tiene como fin garantizar nuestra supervivencia. Aunque no es una emoción en sí misma, sí actúa como un generador de emociones, dado que surge de la interacción entre el individuo y su entorno, percibido como una amenaza para su bienestar.
Por lo general, el estrés se asocia con efectos negativos y perjudiciales para la salud. Olga y Terry (1997) afirman que puede manifestarse con síntomas como dolores de cabeza, indigestión, resfriados frecuentes, dolor de cuello y espalda, e incluso afectar las relaciones personales más cercanas. A largo plazo, el estrés puede llegar a incapacitar a las personas en su ámbito laboral, provocar crisis nerviosas recurrentes, depresión, ansiedad, e incluso ataques cardíacos. McEwen (1995) también señala que el estrés puede contribuir a problemas de salud como el asma, los infartos de miocardio y alteraciones gastrointestinales e inmunológicas.
¿Qué tipos de estrés existen?
Las experiencias estresantes tienen tres fuentes principales: el cuerpo, el entorno y los pensamientos.
¿El estrés es siempre negativo?
Es importante destacar que no todas las personas perciben el estrés como algo negativo. Algunas personas lo consideran una experiencia positiva, estimulante y placentera, ya que les brinda la confianza y motivación para enfrentar los desafíos y superarlos con éxito. En este sentido, la valoración que una persona hace de las demandas de una situación y de sus propias capacidades para afrontarla determinará si el estrés se vive como algo negativo o positivo.
En conclusión, aunque el estrés es un fenómeno inevitable en la vida moderna, su impacto dependerá, en gran medida, de nuestra percepción y de las estrategias que utilicemos para gestionarlo.
Bibliografía:
Alonso-Fernández, F. (1997). Psicopatología del trabajo. Barcelona: Edikamed.
Beck, A. T. (1976). Cognitive therapy and the emotional disorders. New York: International
Universities Press.
Selye, H. (Ed.). (1980). Selye’s guide to stress research. New York: Van Nostrand Reinhold.
Sierra, J.C. Ortega, V. et. (2003) Al Ansiedad, angustia y estrés. Revista Mal Estar e Subjervidade